Aire acondicionado centralizado

Antes de adquirir un aire acondicionado tendremos que asegurarnos de conocer las diferentes opciones en lo que hace referencia a funcionamiento, rendimiento y eficacia. Una de las alternativas que tendremos a nuestra disposición es la de instalar un aire acondicionado centralizado.

Una de las características de los aires acondicionados centralizados es la utilización de ciclos de refrigeración automatizada que estabilizan los niveles de temperatura de una habitación en niveles preestablecidos. Sin embargo, los sistemas de aire acondicionado centralizado se han hecho populares por el sistema de enfriamiento central que utilizan. A diferencia de lo que ocurre con equipos más pequeños —que utilizan sistemas de bobinas individuales para regular los niveles de humedad y la temperatura del aire—, un aire acondicionado centralizado entrega aire refrigerado a distintas habitaciones u oficinas por medio de un sistema de conductos o cañerías que atraviesan todas las paredes de una instalación. En algunos casos, los sistemas de aire acondicionado centralizado están conectados con sistemas de distribución de agua fría.

Existen dos tipos de aire acondicionado centralizado: los que utilizan sistemas en una sola pieza (que puede colgar por fuera de una ventana o ubicarse en el techo de un edificio), y los que emplean el sistema Split (dividiendo las bobinas del sistema evaporador de aire).

Entre las ventajas de utilizar un aire acondicionado centralizado las principales son que resulta mucho más fácil de utilizar y de mantener que otro tipo de aire acondicionado. El funcionamiento de un aire acondicionado centralizado será mucho más silencioso que el de los aires acondicionados comunes. Una de las ventajas adicionales de estos aires acondicionados es que funcionan como purificadores de aire naturales, eliminando restos de polvo y agentes alergénicos de una habitación.

Un aire acondicionado centralizado requerirá de mantenimiento periódico (cada dos o tres meses) y de reparaciones y controles regulares. Los filtros, por otra parte, deberían ser reemplazados cada 2 ó 3 meses, dependiendo del uso y de la cantidad de polvo acumulado.